Con mi historia médica, volví a mi nueva ginecóloga. Esta vez fue aun peor que la anterior. Con toda la información seguía sin saber qué recomendarme. A veces uno pensaría que la medicina tendría que ser un ciencia exacta que habrá un libro que diga "Mioma, trece centímetros, en esta zona, hacer esto" pero no. Cuando estás metido en médicos te das cuenta que todo se merece más a House, a prueba y error, esperando que no te pase nada. Mi ginecóloga mando mi ecografía por whatsapp a unos colegas médicos a ver que le recomendaban, allí delante de mi. Pero se ve que estaban trabajando porque nadie le respondió. Así que sin una respuesta me mandó a ver a una radióloga intervencionista para que me dijese si embolizar era una opción.
Pero contactar con la radióloga no era nada fácil. Si tenéis hijos en edad de comenzar una carrera pensad en esta, porque es un chollo: sólo hay una en Madrid, atiende un día al mes y no está en ningún seguro, por lo que cada sesión son 125 euros. Encima, su secretaria sólo da vez con una semana de antelación por lo que no sabes qué día va a ser hasta siete días antes, así que durante un mes hay que cancelar todos los planes y dar prioridad absoluta a un médico para estar disponible cuando él decida llamarte. Durante el proceso de intentar quedarme embarazada perdí el control de mi tiempo y de mi vida. Si no quieres entrar en el juego, pasarán los meses y cada vez tendrás más presión.
Pero esto no fue lo peor, o quizás sí pero no lo que más me dolió: cuando la secretaria de la radióloga notó mi ansiedad por tener la cita cuanto antes me preguntó por qué las prisas. Le contesté que porque todo el mundo me decía que se me estaba pasando el tiempo. Me preguntó cuantos años tenía. Le dije que 40. Y entonces exclamó, “Y, ¿Cómo has esperado tantísimo?¨ No supe qué contestar. Como ya sabéis es una historia muy larga.
La radióloga me pidió un TAC abdominal. Una nueva prueba, una nueva odisea.

No hay comentarios:
Publicar un comentario