No me digáis que tenéis amigas que han tenido niños con miomas muy grandes. He oído esta historia 100 veces. Es decir, decídmela a mi si queréis pero a quien tenéis que convencer es a mis ginecólogos que son los que no se lo creen. Mi ginecóloga aquel día, por ejemplo, no se lo creyó. Ella me dijo que ese mioma podía afectar a mi fertilidad y al embarazo. Me dijo que al ser tan grande, si lo extirpábamos podría haber complicaciones y podría perder el utero. Y que si todo iba bien tendría que esperar un año antes de intentar tener hijos. Me dijo que también habría opción de embolizar la vena pero que también era peligroso, doloroso y que habría que esperar después para concebir. Me dijo que si no lo extirpábamos y de milagro me quedaba embarazada sería un embarazo de riesgo y tendría que estar nueve meses en reposo absoluto. Bueno, no nueve, los que fuesen, porque seguro que con ese monstruo come espacio dentro de mi serían menos meses. Me dijo que no sabía que hacer y que necesitaba mi historia médica para ver a que ritmo estaba creciendo para tomar una decisión. Todo esto desde la seriedad y distancia más absolutas.
Cuando salí de allí lloré mucho. Vosotros ya sabíais que algo iba mal si no, no os estaría contando esta historia, pero yo había entrado allí con toda mi ilusión. Pensaba que sería complicado, de acuerdo, pero no que ni siquiera me dejarían empezar. Ninguna opción era buena, cada cual peor. Creo que entonces pensé que operarme era lo mejor. Un año más, no era nada (sin comentarios) y pensé que con mi historial de trastornos, encerrarme nueve meses en casa con esa tensión me volvería loca.
Mi chico es más pragmático que yo, paso a paso, nos pusimos a buscar la historia médica. Resulta que con el cambio de Seguro médico mi historia no estaba disponible fácilmente. Había dos alternativas, rellenar unos papeles y esperar un mes (otro mes) o pedir cita con mi antigua ginecóloga previo pago de 125 euros y que ella me copiase en un papel lo que pusiese en el ordenador. Todo facilidades. Intenté las dos.
Yo no recordaba haber sabido que tenía un mioma. Os parecerá absurdo pero supongo que tan obsesionada como estaba con el cáncer de pecho, cualquier otro mensaje no me caló. Porque cuando vi a mi ex-ginecóloga, allí estaba en su informe, doce centímetros el año pasado y ocho hace dos. Cuando le pregunté por qué no lo habíamos hablado antes, me dijo que no le pareció importante porque nunca dije que quisiese ser madre ni mencioné dolores “especiales” más allá de la regla. Me sentí traicionada: a lo mejor si me hubiesen dicho que buscar. Se ve que sólo importas si quieres ser madre. Me volvió a sorprender la frialdad con lo que me trataba, pero bueno entendí en este caso no quería que yo hiciese demasiadas preguntas por si la había liado.
Me deseó suerte como a los desahuciados o así me sonó a mi que soy muy exagerada.

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