Decidí ser madre a los 40 años. Supongo que no debería tener que excusarme por ello, pero cada vez que se lo cuento a un médico me pone tonillo, así que supongo que sí que tengo que excusarme. La verdad es que nunca me sentí vieja hasta que empecé con este proceso, nunca sentí mi cuerpo tan distante y enemigo como hasta ahora, pero eso es otro tema. Otro día, otro post.
Desde los 29 hasta los 36 años tuve una depresión aguda. A los médicos les llevó años entender y explicarme qué me pasaba realmente. Hasta que conocí a un psiquiatra, Carrasco, el que me salvó la vida, y me diagnosticó un trastorno de personalidad borderline. Y aunque en un principio eso me hiciese sentir aún más miserable (un trastorno es como algo más intrínseco a tu persona, más tuyo; mientras que una depresión es algo que te pasa, y aunque te sientas fatal en ambos casos, el trastorno me hizo sentir como alguien con un defecto de forma, una tara, algo parecido a como me siento ahora de nuevo), pude empezar una terapia que me ayudó de verdad, de forma que a los 37 años volví a ser mi persona. Supongo que queda mejor dar razones más glamourosas para retrasarlo tanto como que decidí priorizar mi carrera pero os mentiría: durante todos esos años, no era capaz de cuidarme ni a mí misma, así que imaginaos a un bebé. Yo soy hija de un padre con un trastorno de personalidad y aunque adore a mi padre y entienda que no es su culpa lo que le pasa, no me veía criando a un peque en la misma montaña rusa emocional en la que había crecido yo, quería algo mejor para él.
Y luego después de todo esto, pues me llevó un tiempo tener la vida que quería tener, que mi mundo se pareciese a un sitio donde un niño querría vivir. Y ese mundo llegó: Yo y mi chico, nuestro perro, nuestros gatos, nuestra casa con piscina... Pensaréis a lo mejor que no hace falta tanto, pero cuando vienes de estar tan bajo necesitas ciertas certezas, o al menos yo las necesitaba. Y con todo esto he cumplido 40 años.
Supongo que pensareis que he resumido una etapa muy dura de mi vida en 15 líneas. Muchas veces he intentado hablar de cuando me diagnosticaron borderline. Entonces busqué testimonios de gente en Internet que me dijeran que lo habían superado y no los encontré y eso me hizo sentir aun más triste. Al final yo lo superé pero cuando quiero escribir sobre ello para compartirlo es como volver a entonces y me pongo triste y tengo que dejarlo. Pero yo lo superé y durante esa etapa aprendí a ser más fuerte y ser más feliz. Me he hecho más resiliente. Creo que ser borderline me ha ayudado a pasar por todo esto conservándome a mí misma. Cada paso de este proceso ha sido difícil y doloroso pero he tenido fuerzas para dar el siguiente y creo que mucho de eso lo aprendí cuando superé ser borderline.
Y esta es mi excusa, aunque no la necesite. Y sé que todo esto lo hace más complicado, pero entonces era complicado por otras razones.
Y así es como llegamos a Septiembre del año pasado. Y aunque supiese que iba a ser complicado, no me lo imaginaba así. Esto es algo muy distinto. Es un vacío extraño, una montaña rusa de ilusiones y tristezas, distinta a lo que había vivido. Y yo que me creía dura.
Así que por eso decidí escribir este blog, para dar un poco sentido a este vacío. No se cuál será el final de esto, tendremos que descubrirlo juntos. Espero que sea cual sea, sea un final feliz...

No hay comentarios:
Publicar un comentario